martes, 23 de septiembre de 2014

DESDE EL INTERIOR DE DIOS: LA TRINIDAD

Y Dios era el LOGOS y éste estaba en el principio cabe Dios o hacia Él. Hay una cercanía procedente que hace que el LOGOS que estaba en el principio hacia Dios también sea Él mismo predicado de Dios o donde Dios se realiza o espeja.
Dios era el Logos y el Logos era hacia Él. Difícil resulta explicar porqué salvo el de Trinitate de San Agustín y el segundo momento de Deo Uno de Santo Tomás en la Suma sean los únicos en afrontar esta declaración de Juan, que hasta el día de hoy permanece como si no se hubiere pronunciado durante casi dos milenios al final de la Misa.
Por cierto que hay inteligentes que consideran a esto como algo superfluo y han intentado “salvar al pueblo” de tal complejidad tapando la boca del final de la Sagrada Escritura según San Juan. Y todos hablan de Dios como bajo el secreto de quien no se ha expresado desde sí mismo como LOGOS y realizándose como vida y visualizándose como luz de los hombres.
Dios es luz que se muestra y se auto realiza en el hombre. No lo recibieron brillando él en las tinieblas y alumbrando a todo hombre que viene al cosmos ¿Cómo es que el hombre viene al cosmos? ¿El hombre que es materia en toda su visibilidad y por tanto tiniebla? Sin duda lo nombrado por Pablo en el himno de Efesios: no el hombre centro del cosmos sino la persona elegida antes del cosmos arrojado.
Y Él quien estaba en el cosmos y vimos su gloria también es por quien llegó a ser el cosmos: TODAS LAS COSAS FUERON HECHAS POR MEDIO SUYO Y SIN ÉL NO SE HIZO NINGUNA DE LAS QUE HAN LLEGADO A SER O DEVIENEN.
Dentro del cosmos, él contenido, siendo continente el cosmos no lo conoció ni menos los suyos que al ser interpelados por el Logos no lo reciben. Mucha cercanía de Dios que se volvió más cercano que todo lo cercano y por ende lo más lejano.

Tal lejanía se vuelve tan incomprensible cuanto es la de los hijos de Dios por la fe en su nombre. Hijos no por la carne sino por el Espíritu quien dio el hogar para la encarnación del Verbo en la inmaculada concepción, el tabernáculo. La plena gracia. Y a través de tal acontecer pudimos contemplar su gloria, la del unigénito en la cercanía del Padre. Uno es engendrado y otro es espirado ya que también DIOS ES ESPÍRITU y a su vez: SPIRITUS SPIRAT.

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