Quien dice la verdad del ser es un enviado por la verdad del ser, es decir por la palabra del ser que lleva el nombre de Jesucristo, es decir por el Verbo en el hombre que vuelto a su condición divina envía al apóstol.
No es Pablo un hombre espiritual que habla de sus descubrimientos que procedan de su capacidad meditativa, es un enviado que predica de parte del hombre Dios que muerto y resucitado ascendió al Padre que lo envió.
Uno puede creer o descreer pero debe reconocer la lógica del envío. Y si es filósofo tiene que considerar que está contenido aquí el envío del ser.
No es una religión entre otras posibles en la cultura. Aquí no hay culturas, hay ser, cuya verdad es la mostración de su esencia. No ha dos "ser", su concepto exige unicidad. Hay una Persona que envía a la otra que se expresa y es la Verdad, por ello mismo, porque es enviado. Y este envío -va a ser expresado en Juan- es la verdad de lo que es ¿Qué? Amor, don. Es donación: por ello hay tres Personas, porque lo que es el ser, su verdad, lo expresa el Espíritu: don, amor.
Esto es Dios en sí: donación. El Padre, quien envía, envía al Hijo, enviado y procedente al par que obediente, pues hace todo lo que ve en el Padre y lo que éste quiere.
Mas Él es amor y don pues le da todo al Hijo y éste le corresponde en la perfección absoluta de su ser, respondiendo al amor que espira -ante el don que el Padre le ofrenda- desde su propia Persona al Amor personal.
Esta cercanía que se acerca implica la espiración de ambos del Espíritu Santo, que es su propia santidad.
DIOS ES ESPÍRITU, DIOS ES AMOR expresa el apóstol que también estuvo en Éfeso, Juan, quien recibió a María.
Hay aquí un máximum y una consumación.
No es Pablo un hombre espiritual que habla de sus descubrimientos que procedan de su capacidad meditativa, es un enviado que predica de parte del hombre Dios que muerto y resucitado ascendió al Padre que lo envió.
Uno puede creer o descreer pero debe reconocer la lógica del envío. Y si es filósofo tiene que considerar que está contenido aquí el envío del ser.
No es una religión entre otras posibles en la cultura. Aquí no hay culturas, hay ser, cuya verdad es la mostración de su esencia. No ha dos "ser", su concepto exige unicidad. Hay una Persona que envía a la otra que se expresa y es la Verdad, por ello mismo, porque es enviado. Y este envío -va a ser expresado en Juan- es la verdad de lo que es ¿Qué? Amor, don. Es donación: por ello hay tres Personas, porque lo que es el ser, su verdad, lo expresa el Espíritu: don, amor.
Esto es Dios en sí: donación. El Padre, quien envía, envía al Hijo, enviado y procedente al par que obediente, pues hace todo lo que ve en el Padre y lo que éste quiere.
Mas Él es amor y don pues le da todo al Hijo y éste le corresponde en la perfección absoluta de su ser, respondiendo al amor que espira -ante el don que el Padre le ofrenda- desde su propia Persona al Amor personal.
Esta cercanía que se acerca implica la espiración de ambos del Espíritu Santo, que es su propia santidad.
DIOS ES ESPÍRITU, DIOS ES AMOR expresa el apóstol que también estuvo en Éfeso, Juan, quien recibió a María.
Hay aquí un máximum y una consumación.
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