La irrupción de Pablo en el mundo es un decidido martirio. Digo en el mundo como categoría del encerramiento, del cual Sodoma es un ejemplo. Y no me refiero a los pecados sexuales especialmente sino al pecado en general como conversión a las criaturas y aversión a Dios. En el caso de la actualidad se escapa de Jesucristo QUE SE ENTREGÓ POR NUESTROS PECADOS PARA LIBRARNOS DEL PRESENTE SIGLO MALO SEGÚN LA VOLUNTAD DE NUESTROS DIOS Y PADRE. Esto no es para estar de acuerdo o no: es una manifestación clara del enviado de Jesucristo.
Mas siempre hubo quienes QUISIERON PERVERTIR EL EVANGELIO DE CRISTO. Un ángel podría querer pervertirlo agradando a los hombres. Pero la gracia de Cristo es dada por el Padre. Pablo lo tuvo que aprender dramáticamente y reconocer en el Dios de sus padres judíos al Padre de Jesucristo.
EL QUE ANTES NOS PERSEGUÍA AHORA ANUNCIA LA FE, decían los convertidos. Y sabemos que lo que predica Pablo lo recibe directamente de Dios y no a través de los apóstoles: POR REVELACIÓN DE JESUCRISTO.
Nosotros también por su intermedio esto no lo recibimos de hombres sino de Dios, hoy, en nuestra historia personal. A nosotros también nos segregó y llamó. Nosotros no recibimos a través de hombres encerrados en el mundo sino a través de las palabras de esta epístola que despiertan en nosotros la aptitud de escuchar a Dios mismo en nosotros bajo la guía infalible del apóstol de los gentiles que no tuvo que consultar a Pedro sino finalmente ser confirmado por él.
Somos la resonancia de la Palabra y las palabras reveladas la hacen audible. Así le pasó a San Agustín y así a nosotros hoy en medio del lenguaje en la posmodernidad linguística.
Pablo debe sufrir por los judaizantes dentro de la naciente Iglesia que es como si hoy dijéramos: por los hombres de la inmediatez, por los que son determinados por las cosas del mundo, una resonancia entorpecedora. Por ella hasta el mismo Pedro era cubierto: ¿POR QUÉ SI TÚ SIENDO JUDÍO VIVES COMO GENTIL OBLIGAS A JUDAIZAR? le espetó Pablo con su carácter de explosiva veracidad o de clara diferenciación con respecto al mundo. Pedro simulaba por falta de esta intrepidez.
Juan dirá que los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad y también será otro que Pedro y será destinado a "que permanezca hasta que Él vuelva".
Pablo señalará a los Gálatas: JUSTIFICADOS POR LA FE Y NO POR LAS OBRAS DE LA LEY...ESTOY CRUCIFICADO CON CRISTO...Y YA NO VIVO YO SINO CRISTO QUIEN VIVE EN MÍ.
La verdad del evangelio de Pablo implica una diferenciación con el mundo judaizante y una muerte al mundo mismo para vivir en Cristo. El judío de nacimiento ya está muerto a su vida. No podrá buscar la justificación por la observancia de la ley sino por la gracia. Y esto implica formar un mismo cuerpo con Cristo, esto es QUE CRISTO VIVA EN MÍ.
Y esto no significa anular su persona sino precisamente lo contrario: es el momento en que la PERSONA EMERGE, ENTENDIENDO POR ELLA LA IMAGEN DE CRISTO EN CADA UNO. Y esto se devela desapareciendo el pecado que ofusca y desfigura y sepulta tal condición. Por eso repite que Cristo murió por nuestros pecados para que nazcamos nosotros. Requiere un ámbito despejado, un claro para que la persona surja triunfante: NO VIVO YO SINO CRISTO EN MÍ pero así, como dice Juan de la Cruz, ahora soy más yo mismo. Es decir: PERSONA.
Insistimos: la sabiduría nos invita a ser hombres siempre por medio de una negación o muerte a nustra mundanidad y naturidad o inmediatez sensitiva.
¡Es una invitación! No se obligará a "ser hombre" y menos cuando "el hombre ha muerto" según le dijo Foucault a Sartre.
Hombre en la modernidad. No hombre en la posmodernidad. Allí también, pero en otro sentido, puede ser escuchada la muerte del hombre: NO VIVO MÁS YO SINO LA PERSONA, es decir CRISTO EN MÍ que soy IMAGEN.
Mas siempre hubo quienes QUISIERON PERVERTIR EL EVANGELIO DE CRISTO. Un ángel podría querer pervertirlo agradando a los hombres. Pero la gracia de Cristo es dada por el Padre. Pablo lo tuvo que aprender dramáticamente y reconocer en el Dios de sus padres judíos al Padre de Jesucristo.
EL QUE ANTES NOS PERSEGUÍA AHORA ANUNCIA LA FE, decían los convertidos. Y sabemos que lo que predica Pablo lo recibe directamente de Dios y no a través de los apóstoles: POR REVELACIÓN DE JESUCRISTO.
Nosotros también por su intermedio esto no lo recibimos de hombres sino de Dios, hoy, en nuestra historia personal. A nosotros también nos segregó y llamó. Nosotros no recibimos a través de hombres encerrados en el mundo sino a través de las palabras de esta epístola que despiertan en nosotros la aptitud de escuchar a Dios mismo en nosotros bajo la guía infalible del apóstol de los gentiles que no tuvo que consultar a Pedro sino finalmente ser confirmado por él.
Somos la resonancia de la Palabra y las palabras reveladas la hacen audible. Así le pasó a San Agustín y así a nosotros hoy en medio del lenguaje en la posmodernidad linguística.
Pablo debe sufrir por los judaizantes dentro de la naciente Iglesia que es como si hoy dijéramos: por los hombres de la inmediatez, por los que son determinados por las cosas del mundo, una resonancia entorpecedora. Por ella hasta el mismo Pedro era cubierto: ¿POR QUÉ SI TÚ SIENDO JUDÍO VIVES COMO GENTIL OBLIGAS A JUDAIZAR? le espetó Pablo con su carácter de explosiva veracidad o de clara diferenciación con respecto al mundo. Pedro simulaba por falta de esta intrepidez.
Juan dirá que los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad y también será otro que Pedro y será destinado a "que permanezca hasta que Él vuelva".
Pablo señalará a los Gálatas: JUSTIFICADOS POR LA FE Y NO POR LAS OBRAS DE LA LEY...ESTOY CRUCIFICADO CON CRISTO...Y YA NO VIVO YO SINO CRISTO QUIEN VIVE EN MÍ.
La verdad del evangelio de Pablo implica una diferenciación con el mundo judaizante y una muerte al mundo mismo para vivir en Cristo. El judío de nacimiento ya está muerto a su vida. No podrá buscar la justificación por la observancia de la ley sino por la gracia. Y esto implica formar un mismo cuerpo con Cristo, esto es QUE CRISTO VIVA EN MÍ.
Y esto no significa anular su persona sino precisamente lo contrario: es el momento en que la PERSONA EMERGE, ENTENDIENDO POR ELLA LA IMAGEN DE CRISTO EN CADA UNO. Y esto se devela desapareciendo el pecado que ofusca y desfigura y sepulta tal condición. Por eso repite que Cristo murió por nuestros pecados para que nazcamos nosotros. Requiere un ámbito despejado, un claro para que la persona surja triunfante: NO VIVO YO SINO CRISTO EN MÍ pero así, como dice Juan de la Cruz, ahora soy más yo mismo. Es decir: PERSONA.
Insistimos: la sabiduría nos invita a ser hombres siempre por medio de una negación o muerte a nustra mundanidad y naturidad o inmediatez sensitiva.
¡Es una invitación! No se obligará a "ser hombre" y menos cuando "el hombre ha muerto" según le dijo Foucault a Sartre.
Hombre en la modernidad. No hombre en la posmodernidad. Allí también, pero en otro sentido, puede ser escuchada la muerte del hombre: NO VIVO MÁS YO SINO LA PERSONA, es decir CRISTO EN MÍ que soy IMAGEN.
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