Las despedidas de las cartas de Pablo están
tan alejadas de las moralinas en curso que sorprende que puedan incluirse en
algo así como "religión" o populismo religioso.
El alma, el corazón se le sale hacia sus
alumnos en la fe. Porque no otra cosa son sus hermanos en Cristo. Deben estar a
la altura de semejante maestro pues la complejidad de su saludo es notable:
ALEGRAOS. Los exhorta a la alegría después de haberlos reprendido. Su caridad
es manifestación de la singularidad de la persona descubierta.
Y los imperativos que pronuncia a continuación
en voz medio pasiva apuntan a la perfección y al mutuo consuelo como al pensar
lo mismo y al vivir en paz y afirma que entonces el Dios del amor y de la paz
estará con ellos.
Es decir algo raro: vivid en paz y el Dios de
la paz estará. Cuando él impreca para ellos la gracia y el amor de Dios y la
comunión del Espíritu Santo les ha explicado ya estas virtudes. Y además
solicita del Espíritu los frutos de
amor, gozo y paz.
Hay virtudes adquiridas que son también de la
gracia. Ese sistema complejo lo explica Tomás de Aquino en la moral general.
Es hermosamente complejo el simple saludo, es
decir bellamente conceptual y sapiencial.
Es distintivo: la gracia debe venir y la
voluntad debe apetecer y obrar la paz. Pablo exhorta e impreca para ellos en el
amparo de su caridad perfecta en un liderazgo paradigmático.
La epístola a los Corintios lo pone en
evidencia por los siglos.
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