Así la Filosofía no ha tenido nada que ver con los hombres individuales que integran una masa cultural a la cual responden sino a personas que reciben la invitación de la sabiduría a concebirla.
Pero la función de quienes han obrado por el pensamiento mismo ha quedado registrada en una razón natural y en otra mundanal tal como ha distinguido Heribert Boeder como inversiones de la razón conceptual de la sabiduría tal como se ve en Parménides, Platón y Aristóteles en la primera época.
Cuesta, ha costado trabajo, distinguir el sitio de la ética aristotélica con respecto a la estoica y justificar la diversidad de una y otra. Es muy simple: una razón natural se mide por el pensamiento y la conceptual en este caso por el saber de las Musas sin más, mediado en este caso por el desarrollo platónico. Configura cada razón una solidaridad con su principio y una diferenciación con la otra razón. Es como si todo estuviera programado cuando la logotectónica construye estas secuencias racionales que ordenan el azar aparente de la posiciones.
Lo mejor es ver las cosas en una estructura. Eso ha sido desde el comienzo: así lo vio Anaximandro en el cosmos de todo, así comenzó el llamado pensamiento filosófico aunque fuera a poner el acento en el mismo pensar y no tanto en la sofía que dejaba a sus espaldas.
Así tenemos la actitud de Parménides que se separa del cosmos y se encara con la sofía misma escribiendo en hexámetros y subiéndose a uno en particular de la Odisea: "aquí esta la puerta de los caminos del día y de la noche". Y concibe el ente inmóvil, uno y perfecto. La poesía se toca con la filosofía, como vio el mismo Holderlin eremita de Grecia.
Al ver todo HISTORIA, MUNDO Y LENGUAJE, tres totalidades en una estructura logotectónica se comprueba que filósofos y pensadores trabajan dentro de una Providencia cuya integridad ignoran pero a la cual se pliegan con entusiasmo.
Los demás se vuelven ensayistas, colaboradores de uno o de otro y los que vienen detrás consumen la obra difundiendo y discutiendo.
Nosotros nos nutrimos de los diálogos de Platón, nos regimos por la Ética a Nicómaco, viajamos por la palabra a Dios y de Dios en las Confesiones, vemos la totalidad de la ciencia de Dios en Tomás, somos libres en la autoconciencia recognoscente de Hegel y así y así tomamos noticia de las posiciones mundanales y naturales no exentas de talento.
Y somos felices con la verdad en el vínculo de la paz acercándonos al fin.
Porque hay un fin tras un juicio. Por eso la Filosofía lo anticipa.
Pero la función de quienes han obrado por el pensamiento mismo ha quedado registrada en una razón natural y en otra mundanal tal como ha distinguido Heribert Boeder como inversiones de la razón conceptual de la sabiduría tal como se ve en Parménides, Platón y Aristóteles en la primera época.
Cuesta, ha costado trabajo, distinguir el sitio de la ética aristotélica con respecto a la estoica y justificar la diversidad de una y otra. Es muy simple: una razón natural se mide por el pensamiento y la conceptual en este caso por el saber de las Musas sin más, mediado en este caso por el desarrollo platónico. Configura cada razón una solidaridad con su principio y una diferenciación con la otra razón. Es como si todo estuviera programado cuando la logotectónica construye estas secuencias racionales que ordenan el azar aparente de la posiciones.
Lo mejor es ver las cosas en una estructura. Eso ha sido desde el comienzo: así lo vio Anaximandro en el cosmos de todo, así comenzó el llamado pensamiento filosófico aunque fuera a poner el acento en el mismo pensar y no tanto en la sofía que dejaba a sus espaldas.
Así tenemos la actitud de Parménides que se separa del cosmos y se encara con la sofía misma escribiendo en hexámetros y subiéndose a uno en particular de la Odisea: "aquí esta la puerta de los caminos del día y de la noche". Y concibe el ente inmóvil, uno y perfecto. La poesía se toca con la filosofía, como vio el mismo Holderlin eremita de Grecia.
Al ver todo HISTORIA, MUNDO Y LENGUAJE, tres totalidades en una estructura logotectónica se comprueba que filósofos y pensadores trabajan dentro de una Providencia cuya integridad ignoran pero a la cual se pliegan con entusiasmo.
Los demás se vuelven ensayistas, colaboradores de uno o de otro y los que vienen detrás consumen la obra difundiendo y discutiendo.
Nosotros nos nutrimos de los diálogos de Platón, nos regimos por la Ética a Nicómaco, viajamos por la palabra a Dios y de Dios en las Confesiones, vemos la totalidad de la ciencia de Dios en Tomás, somos libres en la autoconciencia recognoscente de Hegel y así y así tomamos noticia de las posiciones mundanales y naturales no exentas de talento.
Y somos felices con la verdad en el vínculo de la paz acercándonos al fin.
Porque hay un fin tras un juicio. Por eso la Filosofía lo anticipa.
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