domingo, 8 de junio de 2014

LA RENUNCIA A LA RELIGIÓN

Pablo es el centro de la sabiduría de la filo-sofía de la época media que hoy para nosotros, logotectónicos, opera sola o por sí misma dentro de la esfera del lenguaje.
¿Qué dice en forma pura?: NOS GLORIAMOS EN CRISTO JESÚS Y NO PONEMOS NUESTRA CONFIANZA EN LA CARNE.
Él es judío, fariseo e irreprensible según la ley y sin embargo tiene esta ventaja por basura a causa del sublime conocimiento de Cristo POR CUYO AMOR TODO LO SACRIFIQUÉ.
¿Por qué?  La justicia que justifica no procede de la ley sino la de la fe, que es aceptar la gracia procedente de su resurrección que nos hace por Cristo real sus miembros, sus sarmientos, para decirlo en términos de Juan. Para tal justificación es menester participar en su Pasión y por eso Pablo no cree haber alcanzado la perfección SINO QUE LA SIGO A VER SI LE DOY ALCANCE pero él mismo fue alcanzado a agarrado por Cristo Jesús. Y corre hacia la meta oyendo el llamamiento de Dios en Cristo para recibir el premio.
Suena raro en el entendimiento usual de la religión que se hace cargo de la función de la igualdad de los ciudadanos y el acuerdo de los estados donde hay un Dios fuente de toda razón y justicia, algo propio de la conciencia civil.  
Aquí Pablo es agarrado por Cristo y se hace suyo, no vive más él. En esta sabiduría se logra la santificación por conformidad real con Cristo que muere y resucita.
Allá Dios es el garante de la libertad y la razón. Cuando las religiones se unen para ello lo hacen representando a los ciudadanos de estados beligerantes o en defensa de los derechos humanos.
Esto no debe esconder el clamor paulino que ha dejado lo que poseía como religioso en su cultura y se ha entregado a la redención efectiva de Dios hecho hombre. A esto llama "perfección".

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