lunes, 2 de junio de 2014

EL CORAJE DEL AMOR TIERNO

Cristo será engrandecido en su cuerpo, ahora en cadenas, sea en vida o sea en muerte. Tal es la esperanza de Pablo que responde a la inquietud de los Filipenses. Tienen deseos de conocer su situación. Como no hay aquí inmediatez que valga para el Apóstol quien testimonia siempre la donación del Espíritu Santo, al referirse a su vida inmediata lo hace desde su existencia, abierta a la muerte como fin: EN EFECTO PARA MÍ EL VIVIR ES CRISTO Y LA MUERTE GANANCIA.
Tiene el deseo puesto en lo mejor: ESTAR CON CRISTO. Se puede ver cómo ha derribado la barrera del ser hombre de este mundo y ser en el mundo ya como algo "más allá del hombre" que participa de la gloria actual de Cristo.
 El saber correspondiente es la fe con la cual Pablo ve lo que dice y abre la visión de sus auditores. Es la fe del evangelio que los agracia cuya acción es no sólo el creer sino también el padecer. Escuchan, reciben y padecen compartiendo su participación en la Pasión: esto por la gracia misma. Pablo esta viendo como Esteban el cielo abierto y los ve a ellos y quiere integrarlos en la marcha por el camino hacia Cristo. Ve y comunica el Espíritu por él como testigo de la Iglesia, verdadero cuerpo y sustancia. Por ello les marca la unidad para  que actúen con el mismo pensar, caridad, ánimo.
Y lo hace apelando a la PARÁKLESIS EN CRISTO al PARAMYTHION AGAPES A LA KOINONÍA PNEUMATOS y a cierto afecto entrañable y piedad.
Destaquemos esta expresión: PARAMYTHION AGAPES. Coraje de amor, incitación al amor, confortación de amor. Esto en la KOINONÍA o comunión con el Espíritu.
Si hubiere esto habrá unidad y no particularismo, habrá catolicidad, basada en lo entrañable del amor y misericordia, una ternura que ha ingresado en la intimidad del mundo con la venida del Espíritu Santo.
El ejemplo lo dio el mismo Dios hecho hombre. 

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