EL ORIGEN DEL MAL DESDE EL
SER DEL ENTE
Nos ponemos en la cuestión
62 a1 del tratado de los ángeles, seres creados espirituales como primeros en
la creación. La pregunta es si fueron bienaventurados desde su creación.
Podemos decir que sí en su condición natural pero no en su condición de
invitados a la gloria que se recibe por pura gracia. Dios es Dios en su gloria
y su naturaleza es increada y gloriosa. Desde tal plenitud bienaventurada crea
afuera de sí ya que dentro como Dios verdadero hay vida de procesiones: el
Padre engendra al Hijo y ambos espiran al Espíritu Santo. Fundamento de la obra
hacia fuera de la creación, que es dar y comunicar. Aquí está el así llamado
por Heidegger “ser del ente”.
Hay dos felicidades, dice Tomás, la que se
obtiene por sus fuerzas naturales y que consiste en la contemplación de Dios,
como lee en Aristóteles y la otra que consiste en verlo cara a cara cuando El
aparezca glorioso según se canta en el capítulo tres de la primera carta de San
Juan.
La primera instancia de la creación la tiene por súbita
intuición que ve a Dios en imagen (sin educación alguna ya que no es temporal)
y la segunda por invitación a contemplarlo en la gloria convirtiéndose al bien
por la recepción de la caridad.
Necesitó el primer ángel la
gracia de la CHARITAS
para alcanzar la vida eterna como explicó San Pablo: la gracia de Dios es la
vida eterna. Y tampoco el ángel se vuelve a la contemplación de Dios (por
esencia no por imagen representativa) sin el auxilio de la gracia (se hubiera
conformado con su intuición natural de la imagen, más potente que la del
hombre; pero le ofrecieron la gracia según aquello del comienzo de las
Confesiones de San Agustín: nos hiciste para ti y nuestro espíritu está
inquieto hasta que no repose en ti, por eso borremos el “se hubieran
conformado”, fuimos hechos HACIA ÉL, PARA ÉL Y NO SÓLO POR ÉL, COMO QUERRÍAN
MUCHOS PARA ESTAR TRANQUILOS ¿Quiénes? Los que crearon la modernidad y luego
cerraron el mundo.
La gracia despierta el deseo
de ver a Dios cara a cara, llamado “conversión”. Maravillosamente lo dicen las
Lamentaciones al final: CONVIÉRTENOS SEÑOR Y NOS CONVERTIREMOS.
El ser de Dios implica el
ser feliz (idem est sibi esse et beatum esse). Para toda criatura es su fin
último cuya beatitud se merece en el ángel y en el hombre con la gracia, no con
el mero libre albedrío. Con la caridad que procede de la gracia se merece. Ya
en Aristóteles sólo con la virtud se alcanza la felicidad “natural”. Y hay un
vínculo entre gracia y virtud ya en la ética tomásica donde se alcanza la
felicidad “sobrenatural”.
La esencia de Dios es la
misma bondad, al estar contemplándola no hay posibilidad ya de elegir el mal
pues para ver a Dios hemos sido elegidos desde antes de la creación y se cumple
al verlo el fin sin más progreso. En los ángeles esto es súbito.
Y desembocamos en la
cuestión 63: cómo los ángeles se hicieron malos.
Por de pronto Job el
existencialista: EN SUS ÁNGELES HALLÓ MALDAD.
Porque toda creatura
racional, ángel u hombre pueden pecar. Pecar consiste en declinar el acto la
rectitud que debe tener. El artesano puede cortar la madera con una regla u
otra, bien o mal. Mas la voluntad de Dios única es la regla de su acto los
demás deben subordinarse a ella para alcanzar o no rectitud. Por eso Dios no
puede pecar porque Él es “su inteligencia y su voluntad” sin grado alguno de
división que afecte a su simplicidad. En cambio toda criatura es otra que su
ser recibido (diferencia ontológica) y su voluntad es diferente que su saber y
si es hombre sus sentimientos otros que su razón etc etc. Los ángeles así
pueden inclinarse a la maldad.
Tomás increíblemente da el
caso del adulterio: “estos pecados provienen de algún error o ignorancia ya que
de no tenerlo no se eligiría lo malo como si fuese bueno..elige el deleite…”.
El ángel no peca así porque no posee pasiones pero pecó convirtiéndose por
libre arbitrio a su propio bien sin subordinación a la regla de la voluntad
divina que consiste en el misterio de la caridad.
El primer pecado no pudo ser
más que el de la soberbia. Derivado el de la envidia, que se duele del bien de
otro en cuanto lo considera como un obstáculo para el propio. Y esto por el
amor desmedido de su propia excelencia que quedaría eclipsada por la excelencia
de otro. El diablo se dolió del bien del hombre y también de la excelencia
divina en cuanto se sirve del hombre para su gloria en contra de la voluntad
mala.
Así en María última que se
vuelve primera sin desear más que ser la última. Así todo lo que sea obstáculo
para el bien humano, es decir todos los pecados en que el hombre pueda incurrir,
son deleite para el demonio.
El príncipe quiso ser
semejante a Dios de mala e inconveniente manera: determinando por sí cómo
alcanzar el fin último sin la gracia y por virtud de su propia naturaleza. “Me
basto por mi mismo y no quiero tu auxilio”. Le arrebató a Dios su paternidad,
es decir rechazó la filiación en Cristo, es decir rechazó a Cristo y su
humildad mariana. Es Anti-cristo.
El cual primero fue bueno y
luego pecó por voluntad rechazando la misma bondad pues he aquí que Dios hizo
buenas todas las cosas y entre sus bienes está el libre albedrío.
Pero es así que aquél quiso
desde el principio apartarse por soberbia y por envidia al plan de Dios, es
decir del ser. “Somos en un plan donde solamente hay hombre”, dijo Sartre y
Heidegger: “somos en un plan donde solamente hay ser”, la diferencia de la
antropología con la filo-sofía.
La decisión de ciertos
ángeles puso obstáculo al merecimiento rechazando lo que Dios donaba. Así no se
mantuvieron en la verdad total. Y con albedrío pudieron dejar de seguirla. Pero
fueron arrastrados por el primer ángel de la ciencia: EL DRAGÓN ARRASTRÓ TRAS
DE SÍ LA TERCERA PARTE
DE LAS ESTRELLAS, se dice en Apocalipsis. Fueron persuadidos por su voluntad
soberbia: ID MALDITOS AL FUEGO ETERNO QUE ESTÁ PREPARADO PARA EL DIABLO Y SUS
ÁNGELES, Jesús dice en San Mateo.
Esto describe un hecho y en
forma metafórica. Pero el concepto científico es el siguiente: Acompañando el
evangelio filosófico de Juan.
El Verbo era en el principio
y el Verbo era Dios. Lógicamente en el Verbo se revela Dios. Por eso es la Verdad y poner de
manifiesto lo que Dios es y nadie vio nunca jamás y el Verbo ha exegetizado
(Himno del ev.s. San Juan). Dios es Espíritu, dice el Verbo. Y éste es don.
Jesús como enviado muestra esto: de tal modo amó Dios al mundo que le entregó a
su Hijo. Así Dios es Espíritu y Amor o Caritas: un tesoro de infinita dulzura,
una llama de amor viva que se derrama en
los corazones, “hasta el más profundo centro”.
Tal donación de gracia fue
propuesta al primer ángel para llegar a su fin por aceptación de la caridad
ingresando así en la felicidad infinita (él poseía ya la finita), en el
inaudito gozo (aún para el primer ángel) de la plenitud de amor del Padre, Hijo
y del Espíritu Santo. La pura santidad era el secreto de la intimidad revelada
por el Verbo que ya hecho carne la estampó en el hogar de Nazaret donde
ejercitó el ser hombre así: APRENDED DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN.
¿Habrá deducido de su visión
de la caridad el príncipe de la ciencia el abajamiento del Verbo en la entrega
mutua de las Personas Divinas? Si Tomás, eximio científico de la inteligencia,
observó que LA CARIDAD ES
AMISTAD (tratado de la caridad) más lo habrá hecho el ángel donde se vio venir
aquello de Jesucristo: LOS PRIMEROS SERÁN ÚLTIMOS Y LOS ÚLTIMOS PRIMEROS.
Esto perjudicábalo de tal
forma que intentó impedirlo no queriendo sino lo que Dios creador le había dado
que era dones naturales preeminentes. Pero como vio en su pobreza Aristóteles
meritoriamente que conquistar el ser bueno vale más muchas veces que el ser un
eximio artista dotado naturalmente perdió el ángel en el cambio el ser donado a
“su ser”. Así quiso ser como Dios basado en su propio ser rechazando el ser de
Dios que es Caritas, amistad abajamiento, ya que declaró el Hijo: A VOSTROS OS
HE LLAMADO AMIGOS. Y entre amigos todo se comparte y comunica: el amigo desea
el bien del amigo y esto se llama “amor” y además intenta comunicárselo según
puede. Ambas cosas hizo Dios en Cristo con sus ya “amigos y no siervos” (según
se veían los israelitas).
Así el origen del mal y de
sus consecuencias, enfermedad y muerte, está en la propuesta del amor tierno de
Dios. No se obliga a amar, se ofrece en un riesgo, el del rechazo. Y este es el
comienzo del misterio de la iniquidad que opera en la existencia en el mundo.
Lo maligno del “no” ante el requerimiento del “sí”.
“No quiero servir”, dijo el
espíritu creado con su libertad. Dijo lo
contrario al sí de la fe, porque para acercarse al ser infinito hace falta este
“sí”: porque no está al alcance en su ser de criatura alguna, altísima o
bajísima.
Y por envidia de lo que haya
deducido que el hombre sería engañó a Eva y así recibió el nombre de “diablo”
(calumniador, receptor, divisor etc). Mas recibió su derrota cuando surgió “la humilde en el servir a quien llamarán
feliz todas las generaciones” (Lc1,46) quien dio su “sí” libremente ante el
requerimiento del ángel Gabriel: HÁGASE EN MI SEGÚN SU PALABRA.
Y se cumplió la filiación
verdadera del hombre con Dios que el diablo había prometido con perfidia con la
comestión del fruto de la ciencia. Vino la muerte por aquel fruto donde dijo
“no moriréis”. Pero con ello mezclado el bien y el mal fructificó en la gracia
ofrecida ya adentro de la humanidad. El Verbo se hizo carne por María y habitó
entre nosotros treinta años en su hogar y con su dolorosa muerte venció a la
muerte abriendo la puerta de una eternidad que no se podía perder.
El diablo quedó afuera
definitivamente pero desde allí busca distraer a los hombres de buena voluntad
con toda clase de bienes perecederos que los hombres han de consumir y aún si
puede busca la enajenación del don personal, íntimo, que nos hace personas.
La causa inmediata es la
envidia en cuanto dolor ante el bien del otro. La primera causa del mal, del
misterio de la iniquidad, es la soberbia del yo encerrado sobre sí, lo maligno,
lo que lleva a la muerte eterna y que es causa de toda malignidad en la
creación.
Nosotros experimentamos algo
así aquí y ahora: soberbia, envidia, vanagloria y el resto de los llamados
pecados capitales que sin embargo tienen muchos seguidores en el posmodernismo,
quienes aún los toman a la burla.
¿Acaso no se burlaron de Él
cuando colgaba de la cruz? Y eran los príncipes de los judíos con la IGNORANCIA AFECTADA ,
como la llamó Tomás de Aquino. SI ERES EL HIJO DE DIOS BAJA DE LA
CRUZ Y CREEREMOS dijeron los empiristas.
Pero el centurión que vio sin saber como los judíos quien era y porqué hablaba
así dijo: VERDERAMENTE ESTE HOMBRE ERA HIJO DE DIOS.
CARITAS….SUPERBIA…HUMILITAS…ENCERRAMIENTO
MALIGNO…DISPOSICIÓN QUE SE PLENIFICA.
QU.E.D. el origen del mal
está en lo que viene del ser, en el claro del ser, donde Heidegger (Carta al
Humanismo) ve junto a lo santo el advenimiento de la grima en el “no”. Lo demás
es derivado.
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