La ira divina en la séptima plaga: un gran terremoto y un granizo descomunal. Y vino se presenta a la gran Babilonia bajo la ira y un ángel le muestra el juicio de la ramera donde fornicaron los reyes y se embriagaron los moradores de la tierra. Luego lo lleva al desierto donde ve una mujer montada sobre una bestia escarlata con siete cabezas y diez cuernos y llena de blasfemias con muchas joyas y una copa de oro llena de abominaciones y de inmundicias y sobre la frente escrito: Babilonia la grande, la madre de las rameras y las abominaciones de la tierra y estaba ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los mártires de Jesús.
Así se ve la gran ciudad cosmopolita donde los reyes reciben poder por una hora y hacen la guerra al Cordero. Y del vino del furor de la fornicación de ella han bebido todas las naciones y los reyes de la tierra con ella fornicaron y los mercaderes con ella se enriquecieron.
Exhorta su pueblo la voz del trono a que salgan de ella y no sean complices los de su pueblo de sus pecados que han sido apilados hasta el cielo y Dios se acordó de ellos para castigarlos: ¡AY AY LA GRAN CIUDAD! CON SU OPULENCIA SE ENRIQUECIERON...Y EN UNA HORA HA SIDO ARRASADA.
Y los santos se alegran por la justicia frente a los comerciantes que eran los dueños de la tierra y habían seducido a todos con sus encantos.
Lo que llaman realidad será ásperamente juzgada. Lo ha sido ya. Y el cielo se abre con la alabanza de una enrome multitud que dice : AMÉN. Apocalipsis 19.
Da tela para cortar aplicando a toda la historia. Por de pronto: hay que ver lo que está sobre el mundo y lo devela.
Así se ve la gran ciudad cosmopolita donde los reyes reciben poder por una hora y hacen la guerra al Cordero. Y del vino del furor de la fornicación de ella han bebido todas las naciones y los reyes de la tierra con ella fornicaron y los mercaderes con ella se enriquecieron.
Exhorta su pueblo la voz del trono a que salgan de ella y no sean complices los de su pueblo de sus pecados que han sido apilados hasta el cielo y Dios se acordó de ellos para castigarlos: ¡AY AY LA GRAN CIUDAD! CON SU OPULENCIA SE ENRIQUECIERON...Y EN UNA HORA HA SIDO ARRASADA.
Y los santos se alegran por la justicia frente a los comerciantes que eran los dueños de la tierra y habían seducido a todos con sus encantos.
Lo que llaman realidad será ásperamente juzgada. Lo ha sido ya. Y el cielo se abre con la alabanza de una enrome multitud que dice : AMÉN. Apocalipsis 19.
Da tela para cortar aplicando a toda la historia. Por de pronto: hay que ver lo que está sobre el mundo y lo devela.
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