Vio un cielo nuevo y una tierra nueva. Cielo y tierra: dos elementos capitales del ser; los entes se van con el mundo que se desvanece, es decir lo que llaman realidad, incluido el cosmos físico.
Ahora sobre la tierra se asienta la Jerusalén celeste como una novia preparada por el esposo, es decir la Iglesia, su cuerpo.
El tabernáculo es el Dio hombre y no habrá más duelo ni dolor y se hacen nuevas todas las cosas. Y Él es el alfa y el omega y quien venza Él será para aquel Dios y será un verdadero hijo del Padre.
De esto quedan excluidos los idólatras, fornicarios, los mentirosos, los homicidas para quienes habrá una muerte segunda.
Mas a él uno de los ángeles de las plagas lo lleva a ver a la esposa sobre la cima de un monte, resplandeciente de gloria con las doce puertas apostólicas y todas de perlas y los muros de piedras preciosas. Su santuario era el cordero y la luz de la gloria es la iluminación y su lámpara el cordero que ilumina a todas las naciones con quienes han sido escritos en el libro de la vida.
Y del trono salía un río de agua de vida y había un árbol de vida con sus doce frutos y sus hojas sanan a las naciones y los siervos suyos verán su rostro y tendrán su nombre sobre la frente y reinarán en la luz sin ocaso por los siglos de los siglos.
Es cuestión de comunicar estas palabras a quienes se inscriben en el libro de la vida para que tengan vida hoy en medio de este mundo que desaparecerá.
Esta es la sapiencia que nos determina hoy brillante y sin aditamentos: es y no puede dejar de indicar.
Ahora sobre la tierra se asienta la Jerusalén celeste como una novia preparada por el esposo, es decir la Iglesia, su cuerpo.
El tabernáculo es el Dio hombre y no habrá más duelo ni dolor y se hacen nuevas todas las cosas. Y Él es el alfa y el omega y quien venza Él será para aquel Dios y será un verdadero hijo del Padre.
De esto quedan excluidos los idólatras, fornicarios, los mentirosos, los homicidas para quienes habrá una muerte segunda.
Mas a él uno de los ángeles de las plagas lo lleva a ver a la esposa sobre la cima de un monte, resplandeciente de gloria con las doce puertas apostólicas y todas de perlas y los muros de piedras preciosas. Su santuario era el cordero y la luz de la gloria es la iluminación y su lámpara el cordero que ilumina a todas las naciones con quienes han sido escritos en el libro de la vida.
Y del trono salía un río de agua de vida y había un árbol de vida con sus doce frutos y sus hojas sanan a las naciones y los siervos suyos verán su rostro y tendrán su nombre sobre la frente y reinarán en la luz sin ocaso por los siglos de los siglos.
Es cuestión de comunicar estas palabras a quienes se inscriben en el libro de la vida para que tengan vida hoy en medio de este mundo que desaparecerá.
Esta es la sapiencia que nos determina hoy brillante y sin aditamentos: es y no puede dejar de indicar.
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