jueves, 11 de junio de 2015

NAVEGA EL QUERUBÍN

El estilo literario dominante suena con distinción en griego: KAI EIDON ALLON AGGELON ISXURÓN KATABAÍNONTA EK TOY OYRAVOY PERIBEBLEEMÉNON NÉFELEEN KAI HE IRIS EPI TEN KEFALÉEN AYTOY KAI TO PRÓSOPON AYTOY HOOS HO HEELIOS KAI HOI PODES AYTOY HOOS STYLOI PYRÓS.
Y vio otro ángel fuerte bajando del cielo envuelto en una nube con iris sobre la cabeza y el rostro como el sol y sus pies como ígneas columnas.
Una poderosa escena que invita al pintor a que pinte, al músico a que componga una sinfonía, al poeta a que componga un poema épico.
Y se trata de un rollo, de un libro abierto y de la voz de león. Su grito produjo las voces de los siete ancianos con siete truenos y la selladura de lo revelado fue ordenada por el ángel que  tenía un pie sobre la tierra y otra sobre el mar.
Y anunciando el misterio del séptimo ángel le ordena comer del librito que le fue dulce como la miel en la boca más amargo al estómago.
A continuación le da una tarea profética.
En primer lugar es clara la visión y hermosa según la medida de sus claúsulas.
Cada parte de esta revelación tiene declaraciones que se vuelven clásicas y valen por sí mismas. Anteriormente hablaba de la piedrecita que cada uno tiene escrita en su interior y ahora abriendo los siete sellos (tema de la célebre película de Bergman) nos encontramos con el hecho de comer el librito que siendo dulce le amarga las entrañas.
¡Cómo se puede verificar que esto es cierto intentando abrazar uno mismo la verdad revelada sin cortapisas! Me refiero a las ideológico religiosas.
Por de pronto el ángel se dibuja en el alma con la enérgica presencia que hace que escuchemos quienes abrimos el oído.

A mí siempre me atrajeron las nubes en todas las circunstancias atmosféricas. Y no por casualidad Shakespeare menciona la querubín navegando en ellas en las tardes.

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