El estilo literario dominante suena con distinción en griego: KAI
EIDON ALLON AGGELON ISXURÓN KATABAÍNONTA EK TOY OYRAVOY PERIBEBLEEMÉNON
NÉFELEEN KAI HE IRIS EPI TEN KEFALÉEN AYTOY KAI TO PRÓSOPON AYTOY HOOS HO
HEELIOS KAI HOI PODES AYTOY HOOS STYLOI PYRÓS.
Y vio otro ángel fuerte bajando del cielo envuelto en una nube con
iris sobre la cabeza y el rostro como el sol y sus pies como ígneas columnas.
Una poderosa escena que invita al pintor a que pinte, al músico a
que componga una sinfonía, al poeta a que componga un poema épico.
Y se trata de un rollo, de un libro abierto y de la voz de león.
Su grito produjo las voces de los siete ancianos con siete truenos y la
selladura de lo revelado fue ordenada por el ángel que tenía un pie sobre la tierra y otra sobre el
mar.
Y anunciando el misterio del séptimo ángel le ordena comer del
librito que le fue dulce como la miel en la boca más amargo al estómago.
A continuación le da una tarea profética.
En primer lugar es clara la visión y hermosa según la medida de sus
claúsulas.
Cada parte de esta revelación tiene declaraciones que se vuelven
clásicas y valen por sí mismas. Anteriormente hablaba de la piedrecita que cada
uno tiene escrita en su interior y ahora abriendo los siete sellos (tema de la
célebre película de Bergman) nos encontramos con el hecho de comer el librito
que siendo dulce le amarga las entrañas.
¡Cómo se puede verificar que esto es cierto intentando abrazar uno
mismo la verdad revelada sin cortapisas! Me refiero a las ideológico
religiosas.
Por de pronto el ángel se dibuja en el alma con la enérgica
presencia que hace que escuchemos quienes abrimos el oído.
A mí siempre me atrajeron las nubes en todas las circunstancias
atmosféricas. Y no por casualidad Shakespeare menciona la querubín navegando en
ellas en las tardes.
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