Parece mentira pero Descartes se recluía y se deshacía de todo cuanto pretendía medir su conciencia. Hoy los que le agradecen tal actitud fundamental son medidos por la sociedad o la cultura. Cuelan el mosquito del dogma ya casi diluido y se tragan el elefante de la cultura.
Nosotros, lo hemos dicho mucho en este espacio, nos rebelamos contra esta prolongada rebelión contra toda tradición y la aceptación del dictador social para dejar libre el cielo como Descartes y poder decir YO SOY. En este suelo firme antes de toda división de subjetivo y objetivo escuchamos ese YO SOY de la palabra del ser y así afirmamos el "yo soy" que es el reflejo de aquel, la imagen de la Persona, la persona que recoge tal palabra que nos habla. YO SOY QUIEN CONTIGO HABLO.
Suena y se cristaliza en nosotros del torrente de su palabra una palabra: nuestra persona. Allí en la apacible soledad que nos procuramos lo dejamos ser en nosotros, le decimos: danos de esta agua para que no tengamos que sacar del pozo. Ahora no es la experiencia del EGO SUM que hacemos sino de la palabra que nos habla, la palabra del ser que estatuye en nosotros la imagen y semejanza de las PERSONAS. Porque donde hay una Persona hay otra y una tercera que procede de ambas y esto es el Espíritu y así podemos comprender que hay por conveniencia otras personas. La persona es relación a otra persona que e implica relación y comunicación.
Su comunicabilidad esencial hace que sucedan otras comunicaciones de muchas personas llamadas a participar. Es posible que se vierta en la multitud la infinitud de la esencial comunicación entre las tres `Personas. Pero esto se hace en la dimensión del ser, del YO SOY QUIEN ES. Hay consorcio familiar, hay soledad y secreto, es decir intimidad. Esto no es sociedad sino cercanía de personas relacionales. Es una multitud soledosa como la del bosque que susurra conteniendo muchas aves. Hay relación medida y gozosa como la de aquellas. Pero se siente la soledad fecunda para poder escuchar cómo habla quien es el Verbo y llama en la cercanía. Hay amistad, ocurre la CARITAS.
Hay fruición de Dios en esta soledad compartida, en esta serenidad o sosiego, en esta mansedumbre que posee la tierra, en esta condición de la que es llamada feliz. Estamos en el fin último que está más acá del aquí del mundo. El más allá se ha inclinado: el cielo a la tierra. La tierra no es el planeta sino la condición receptiva que vaca que está vacante. VACAD Y VED QUE YO SOY dijo el salmista.
Nosotros, lo hemos dicho mucho en este espacio, nos rebelamos contra esta prolongada rebelión contra toda tradición y la aceptación del dictador social para dejar libre el cielo como Descartes y poder decir YO SOY. En este suelo firme antes de toda división de subjetivo y objetivo escuchamos ese YO SOY de la palabra del ser y así afirmamos el "yo soy" que es el reflejo de aquel, la imagen de la Persona, la persona que recoge tal palabra que nos habla. YO SOY QUIEN CONTIGO HABLO.
Suena y se cristaliza en nosotros del torrente de su palabra una palabra: nuestra persona. Allí en la apacible soledad que nos procuramos lo dejamos ser en nosotros, le decimos: danos de esta agua para que no tengamos que sacar del pozo. Ahora no es la experiencia del EGO SUM que hacemos sino de la palabra que nos habla, la palabra del ser que estatuye en nosotros la imagen y semejanza de las PERSONAS. Porque donde hay una Persona hay otra y una tercera que procede de ambas y esto es el Espíritu y así podemos comprender que hay por conveniencia otras personas. La persona es relación a otra persona que e implica relación y comunicación.
Su comunicabilidad esencial hace que sucedan otras comunicaciones de muchas personas llamadas a participar. Es posible que se vierta en la multitud la infinitud de la esencial comunicación entre las tres `Personas. Pero esto se hace en la dimensión del ser, del YO SOY QUIEN ES. Hay consorcio familiar, hay soledad y secreto, es decir intimidad. Esto no es sociedad sino cercanía de personas relacionales. Es una multitud soledosa como la del bosque que susurra conteniendo muchas aves. Hay relación medida y gozosa como la de aquellas. Pero se siente la soledad fecunda para poder escuchar cómo habla quien es el Verbo y llama en la cercanía. Hay amistad, ocurre la CARITAS.
Hay fruición de Dios en esta soledad compartida, en esta serenidad o sosiego, en esta mansedumbre que posee la tierra, en esta condición de la que es llamada feliz. Estamos en el fin último que está más acá del aquí del mundo. El más allá se ha inclinado: el cielo a la tierra. La tierra no es el planeta sino la condición receptiva que vaca que está vacante. VACAD Y VED QUE YO SOY dijo el salmista.
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