lunes, 11 de marzo de 2013

LA PERSONA Y LA EYDOKÍA


Hagamos un paréntesis este domingo con la Suma y aterricemos en el comienzo de la epístola a los Efesios. Tengo a la vista cuatro versiones: La Vulgata, la original griega, la de Lutero y la del Rey Jaime inglesa.
Comienza bendiciendo al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos bendijo a nosotros con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos en Cristo.
Repárese en la repetición de “bendición”. Mas cuando se ve cómo hemos sido benditos se ve dónde lo hemos sido: en los lugares celestes dice el inglés, traduciendo así el griego EPOYRIANÍOIS. Hay cielos para nosotros ya dispuestos ¿desde cuando?
Él nos eligió en Él antes del BIG BANG porque el griego dice KATA-BOLÉS, antes que el cosmos fuera arrojado de arriba para abajo, es decir desde Dios a su existencia material.
Nos eligió para que fuéramos santos y sin culpa ante su faz en el amor. Y eso antes que arrojara la materia que vemos en su constitución macro y micro física de las cuales formamos parte.
¿Por qué así? ¿Cómo? Nos predestino adoptándonos como hijos en Cristo mismo según la EYDOKÍA DE SU QUERER. Porque así le pareció bueno y glorioso. Porque nos hizo para la alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració en el amado hijo. Nos agració, nos hizo dignos de sr incluídos en Él. Claro por el ESPÍRITU.
Y EL Hijo Amado redimió por su sangre, el perdón de los pecados según la riqueza de su gracia. La gracia no es un favor dado meramente desde arriba sino según la impensable riqueza de su amor ya que es dada desde su humanidad crucificada. De este modo nos hizo abundar en sabiduría y prudencia. Nos comunicó así el misterio de su voluntad según su EYDOKIA que se propuso en él. Nada quedó oculto en Dios: se entrego enteramente de una manera que nos se puede encarecer.
Y la consecuencia es: la economía de la plenitud de los tiempos es instaurar toda plenitud en Cristo, tierra y cielo.
Y la consecuencia es: somos herederos por la buena voluntad de quien siempre obra así en su eternidad medido por su propia bondad infinita. Su voluntad es que seamos alabanza de la gloria, los que lo esperaban y los que ahora lo tienen, habiendo escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de la salvación en el cual habiendo creído son sellados por el Espíritu de la promesa. Tal es la seguridad de la herencia hasta la redención de la posesión perseguida para la alabanza de su gloria.
Se advierte lo espeso de esta catequesis, que en nada se corresponde con las expresiones representativas justificadas así: “para que las entienda la gente”. De esta manera hacen su día los pensadores que no pudiendo o queriendo pensar en lo dicho aquí lo sustituyen por moralinas edificantes de su propia factura y adaptadas a la letanía de lo actual.
Lo actual es no pensar lo dicho que se introduce entre el alma y el espíritu como una espada de dos filos. Ella opera, la palabra de la verdad de la buena nueva dada en la plenitud de los tiempos, antes escondida y ahora manifestada ¿a quien? ¿a los teólogos? No sino a los pequeños es decir a los santos que comparten esta EYDOKÍA.
Para poseerla hay que entrar en la dis.   posición de la HUMILITAS, que será parte de la más pequeña de las virtudes morales: LA TEMPERANCIA

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