miércoles, 6 de marzo de 2013

La Suma Teológica blanco de tanta habladuría finalmente ha caído en un estado de coma en la mentalidad posmoderna de eclesiásticos y de cremación en los pensadores y ensayistas que se constituyen en actuales ángeles exterminadores.
La Logotectónica por el contrario construyendo  la Historia sin prisa y sin pausa y también la racionalidad de los modernos ha configurado asimismo las dimensiones de la submodernidad con toda modestia.
Ya había hecho justicia con la Suma Teológica en la TOPOLOGÍA DE LA METAFÍSICA en el comienzo de los ochenta y luego en la construcción de la historia o BAUZEUG DER GESCHICHTE.Sabemos así que aunque hoy no podemos agregar nada nada ni pensar dentro de la historia sí debemos reposar por lo hecho o consumado en ella. En este caso de la Sacra Doctrina se consuma con ella la época media de la Historia en un fin condistinción.
Lo que hay en ella luego es intocable por más que haya otro y otro pensar que se justifican dentro de sus esferas de acuerdo o a su sabiduría propia o a sus intereses mundanos o linguísticos. Una cosa es una cosa y la otra otra.
Me encuentro en mi blog losquetienenhambredesantidad, QUE EN LENGUAJE TEOLÓGICO ES IGUAL A JUSTICIA, y es por tanto la bienaventuranza famosa, exponiendo la Suma, hallándome al presente en la virtud de la Templanza, en sus partes potenciales. Ahora en el final de las virtudes de la mansedumbre y la clemencia y sus pecados opuestos. Es tan filosófico genuinamente todo esto que he decidido incluirlo en este blog para aprovechamiento de los que encuentran en la filosofía el camino de la pura inteligencia y razón.
Así juntando energías concentrémonos en esta maravilla del sistema de virtudes y pecados. Quien quisiera podría retroceder en el blog aquel y ver cómo se parte desde la esperanza (ya que dejé la fe) si no quisiere ir  al SECUNDA SECUNDAE misma en la magna obra del Aristóteles y Hegel de la segunda época, Tomás de Aquino.

"Parecen clemencia y mansedumbre las virtudes más nobles, alabadas por los sabios y filósofos pero se agregan a otra virtud principal. Sin embargo no hay dificultad que bajo cierto aspecto se consideren así pero no en forma absoluta pues solamente reprimen el mal disminuyendo la ira o el castigo ya que es más perfecto conseguir el el bien que impedir el mal como lo hacen la fe, la esperanza y caridad e incluso la justicia y la prudencia. 
La mansedumbre hace al hombre más dueño de sí despejando la ruina que causa la ira pero la templanza refrena movimientos más torpes y frecuentes. La clemencia se acerca a la caridad por la disminución de la pena merecida. La clemencia y mansedumbre hacen grato al hombre a Dios en cuanto que concurren al mismo efecto con la caridad, virtud excelentísima que procurando su bien evita el mal del prójimo.
Los pecados opuestos a la mansedumbre y a la clemencia.
La ira no es culpable con causa justa. Así la justicia reprime los crímenes. Este tipo de venganza es buena. Así mientras la ira se mantenga en el orden de la razón recta es buena. La pasión de la ira como toda pasión pierde su bondad por exceso o defecto. Para los estoicos siempre es mala pero para los peripatéticos y para Agustín no si son ordenadas por la razón.
 Cuando la ira es sierva de la razón dice San Gregorio no daña pero no a la inversa. La ira por celo turba la visión intelectual pero la viciosa la ciega.
También es laudable la venganza que no desea el mal sino que busca corregir los vicios y conservar la justicia. En ello se basa el impartir justicia conforme al dictamen de la recta razón que procede de Dios como afirma Pablo a los Romanos, 13,4. San Gregorio aporta todavía a esto lo siguiente: "Tanto más firmemente se levanta la razón contra los vicios cuanto la ira está más al servicio de la razón":
Sí, debemos odiar los vicios y ejecutar acciones repelentes contra ellos ya que amamos el orden y la paz para nosotros y para los prójimos. Pero dentro del orden del conjunto de la virtudes y con mansedumbre y clemencia. Pues la ira es pecado.
¡Cuantos pecados surgieron en la represión de los pecados de parte de los jueces eclesiásticos que sin embargo por lo menos tenían la posibilidad de beber sabiduría de las Morales de San Gregorio, que entiendo que fue papa! Cuantas manchas le dieron a la Iglesia haciendo perder eficacia salvadora a la Iglesia por un celo iracundo. Tan fácil era hacer lo que nosotros que amamos lo que leímos con la mansedumbre que se recomienda en los libros sapienciales y en los evangelios.
No sino rebelarse en todas las épocas contra la suavidad de la inteligencia de los doctores aduciendo razones de estado o de cultura. "

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