Hagamos un paréntesis este domingo con la Suma y aterricemos en el
comienzo de la epístola a los Efesios. Tengo a la vista cuatro versiones: La Vulgata , la original
griega, la de Lutero y la del Rey Jaime inglesa.
Comienza bendiciendo al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo que nos bendijo a nosotros con toda clase de bendiciones
espirituales en los cielos en Cristo.
Repárese en la repetición de “bendición”. Mas cuando se ve
cómo hemos sido benditos se ve dónde lo hemos sido: en los lugares celestes dice
el inglés, traduciendo así el griego EPOYRIANÍOIS. Hay cielos para nosotros ya
dispuestos ¿desde cuando?
Él nos eligió en Él antes del BIG BANG porque el griego dice
KATA-BOLÉS, antes que el cosmos fuera arrojado de arriba para abajo, es decir
desde Dios a su existencia material.
Nos eligió para que fuéramos santos y sin culpa ante su faz
en el amor. Y eso antes que arrojara la materia que vemos en su constitución
macro y micro física de las cuales formamos parte.
¿Por qué así? ¿Cómo? Nos predestino adoptándonos como hijos
en Cristo mismo según la EYDOKÍA DE
SU QUERER. Porque así le pareció bueno y glorioso. Porque nos hizo para la
alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració en el amado hijo.
Nos agració, nos hizo dignos de sr incluídos en Él. Claro por el ESPÍRITU.
Y EL Hijo Amado redimió por su sangre, el perdón de los
pecados según la riqueza de su gracia. La gracia no es un favor dado meramente
desde arriba sino según la impensable riqueza de su amor ya que es dada desde
su humanidad crucificada. De este modo nos hizo abundar en sabiduría y
prudencia. Nos comunicó así el misterio de su voluntad según su EYDOKIA que se
propuso en él. Nada quedó oculto en Dios: se entrego enteramente de una manera
que nos se puede encarecer.
Y la consecuencia es: la economía de la plenitud de los
tiempos es instaurar toda plenitud en Cristo, tierra y cielo.
Y la consecuencia es: somos herederos por la buena voluntad
de quien siempre obra así en su eternidad medido por su propia bondad infinita.
Su voluntad es que seamos alabanza de la gloria, los que lo esperaban y los que
ahora lo tienen, habiendo escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de la
salvación en el cual habiendo creído son sellados por el Espíritu de la
promesa. Tal es la seguridad de la herencia hasta la redención de la posesión
perseguida para la alabanza de su gloria.
Se advierte lo espeso de esta catequesis, que en nada se
corresponde con las expresiones representativas justificadas así: “para que las
entienda la gente”. De esta manera hacen su día los pensadores que no pudiendo
o queriendo pensar en lo dicho aquí lo sustituyen por moralinas edificantes de
su propia factura y adaptadas a la letanía de lo actual.
Lo actual es no pensar lo dicho que se introduce entre el
alma y el espíritu como una espada de dos filos. Ella opera, la palabra de la
verdad de la buena nueva dada en la plenitud de los tiempos, antes escondida y
ahora manifestada ¿a quien? ¿a los teólogos? No sino a los pequeños es decir a
los santos que comparten esta EYDOKÍA.
Para poseerla hay que entrar en la dis. posición
de la HUMILITAS ,
que será parte de la más pequeña de las virtudes morales: LA TEMPERANCIA
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