martes, 20 de diciembre de 2011

BEBE EL AGUA DE TU ALJIBE

Después de exhortar con fuertes trazos a seguir la sabiduría escuchar la prudencia, y recibir la inteligencia por parte del padre por fin va, como se dice, "al grano". Se trata del sexto madamiento: huir de la mujer que adultera y tiende sus redes para desviar al joven ¡Qué importancia capital le da el sabio a aquello que los posmodernos toman como bandera de liberación! ¡Qué fuerte contraste! Pero el sabio es poeta y no simple moralista y esto es lenguaje:

BEBE EL AGUA DE TU ALJIBE
Y DE LOS RAUDALES QUE MANAN DE TU POZO.
El diálogo de Jesús con la samaritana que es exhortada a volver con su esposo es el centro del pensamiento atento a la sabiduría concreta.

Ante los impulsos del ELLO se pierde momentáneamente el joven:

DESOÍ LA VOZ DE LOS QUE ME ADOCTRINABAN

Y NO QUISE OIR A MIS MAESTROS

Esto es lo que ocurre en la generalidad de los casos.Pero el sabio sin embargo sabe que tiene la razón, es decir la belleza:

¿POR QUÉ DERRAMAR FUERA TUS FUENTES
POR LAS PLAZAS LAS CORRIENTES DE TU AGUA?

El sabio como padre traza el bello camino (PLATÓN: TO KALÓS XALEPÓS):

SEAN PARA TI SOLO Y NO PARA LOS EXTRAÑOS
SEA TU FUENTE BENDITA
Y ALÉGRATE CON LA ESPOSA DE TU MOCEDAD.

Para ello necesita la prudencia en la elección y la sabiduría para paladear esta verdad divina:

SEA ELLA LA GACELA DE TU AMOR UNA CIERVA GRACIOSA
EMBRIÁGUENTE SUS PECHOS `PERPETUAMENTE
Y SU AMOR TE ENCANTE EN TODO TIEMPO.

El ethos del matrimonio se subraya como el camino de Dios la prudencia es escuchar al padre:

¿POR QUÉ, HIJO MÍO DEJARTE EMBAUCAR
POR LA MUJER EXTRAÑA?
PUES ANTE YAHVEH ESTÁN LOS CAMINOS DEL HOMBRE
EL MIRA TODOS TUS PASOS.

Habrá perdición del contrario al sabio: el necio, que no recibe de Dios la medida sino del mundo relativista de los hombres. Le da mucha importancia el sabio a esto hace más de dos mil quinientos años.
La belleza de sus amonestaciones permanece intacta: la mujer es una gacela del amor. Shakespeare y Dante son dos seguidores que buscan darle a la caza alcance en sus poemas. Yo personalmente me he inclinado a lo que he llamado "el claro del encuentro originario": lo vi en Homero cuando Ulises alaba la presencia de Nausikaa, en Dante con Beatriz, en Romeo con Julieta y en Fernando con Miranda, para citar momentos clave.
Y dediqué mi vida a ello.

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