En la caverna incluye Platón todo lo que contiene el mundo de los hombres: LO QUE VEN Y LO QUE ESTIMAN como verdadero. Aquello que Parménides expresó como el camino de los mortales que consideran la mezcla de lo que es y lo que no es del cual se desprende el joven que es enviado a la puerta que guarda la diosa en la casa de la noche. Precisamente el filósofo por designio divino se libra de las ligaduras que fijan a los hombres al fondo de la caverna y comienza a ver la causa de las sombras móviles: los hombres con los objetos artificiales y el fuego. Su camino al exterior de la caverna lo pone ante lo que son realmente las cosas y no lo que parecen, es decir las cosas verdaderas y la causa de la luz que las vuelve tales: el sol, que simboliza la idea del bien, el más digno y eminente de los conocimientos
¿Adonde se está fuera de la caverna? Se mencionó en el Fedón la pureza del alma en sí misma que por la actividad lógica alcanza a conocer lo que es en sí: lo bello, lo bueno, lo justo. Ahora aparece el Bien como fundamento, medida de las ideas y la verdad como la luz que las ilumina, lo que hace que sean lo que son en su ser. La causa final de todas las cosas que son, la que las hace lo que son. Las ideas pueden verse pues en el bien bajo la luz de la verdad.
En el mundo de los hombres las cosas son vistas bajo la luz de la opinión acerca de lo que tanto es así como no, aún más abajo como el predominio de la imagen sensible, lo exterior a la idea, que es una forma inteligible y la descripción de la caverna da para extenderla al abigarrado sistema de las relaciones de la esfera del lenguaje y de los signos, como antes a la esfera del mundo encerrado en sí.
Aquella salida sigue siendo la del filo-sofo,la de aquel que es amigo de la sophía, la que está en la vuelta a la querencia, no la del técnico lógico-epistemólogo, porque la querencia impica un poético habitar, es una PHILÍA, UNA RELACIÓN espiritual con la sabiduría ante la cual se le ofrece la lógica del puro pensar junto con la actitud de la diferenciación del hombre con respecto a su naturidad y a su mundanidad.
¿Qué hay tras esta diferenciación? Para cada uno lo substante hoy es su persona antes que todo sistema. Lo que era, es y será y que se corresponde al llamado desde quien nos distinguió antes del big bang según lo expresa el lenguaje absoluto del himno paulino en la carta a los Efesios, hoy en el lenguaje puro. Así esa salida de la caverna adquiere hoy el sentido del encuentro del ámbito de las personas en la esfera de lo único que no pasará jamás porque es la permanencia de lo que todos llaman o llamarían Dios: LA CARIDAD, AGAPE. Así se expresa en el himno de la carta primera a los Corintios. Hay que decir que la caridad es como el bien platónico pero con el advenimiento de las personas. AGAPE ES CERCANÍA ENTRE PERSONAS.
La alegoría platónica dice que lo que los ojos ven y lo que conforma la experiencia inmediata de los hombres es como una cárcel de la cual se sale con esfuerzo y a la cual se vuelve por deber pedagógico y en la cual no se puede alcanzar ningún éxito. Sócrates fue el ejemplo que Platón tenía ante sus ojos. Pero no será el único porque por necesidad la verdad implica el martirio. Sócrates fue un individuo claramente diferenciado que llega hasta cualquiera de los amigos de la sabiduría dos mil trescientos años después. Y parece haber tenido el instinto de la persona revelada por la caritas.
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