sábado, 21 de mayo de 2011

LA PUREZA DE LA RAZÓN FILOSÓFICA

Ahora aparece el logos del ser en la escena de la filo-sofía, tras la así llamada por Boeder “antilógica”, la lógica de la apariencia. Estamos en el famosísimo diálogo Fedón. Sócrates va a morir por ello: con un logos purificado ha tocado la verdad prescindiendo de las apariencias por el ejercicio de la música superior que ha sido para él la filo-sofía. La muerte física será por cierto para el filósofo una muerte a la muerte: el cuerpo es un obstáculo que ha ido venciendo para poder alcanzar a tocar con la inteligencia la verdad de la justicia. La injusticia equivale a la corrupción del alma que es la peor de las muertes porque lleva a suplicios sin redención. Así lo mitologiza en el diálogo Gorgias donde dialoga con sofistas que ponen la apariencia como medida de la verdad. El alma sin el cuerpo –esto es lo que ejercita el filósofo en vida- alcanza la verdad con la pura actividad lógica destacando o mostrando lo que es. Ella obra sin la vida de la sensibilidad sola en sí misma con su impulso racional el ser, es decir lo bello, lo bueno y lo justo. Con la actividad lógica ve el logos de la esencia, lo permanente de la cosa, lo verdadero que no se ve con los ojos. En cambio sin el estorbo de los sentidos y los sentimientos con el pensamiento puro, con el razonamiento dialéctico, después de una catarsis, sin mezcla y en pureza, él mismo en él mismo, alcanzando cada cosa en sí misma en ella misma en el ámbito pues de la verdad y la sabiduría. Mientras estemos en la dimensión del cuerpo todo estorba para ello al filósofo que lo busca y lo impide para quienes viven pendientes de las cosas corporales. Porque conocer la verdad no le será permitido (MÉ THEMISTÓN) a un hombre no purificado. Es ámbito de la pura razón.
Esto está desacreditado para modernos y posmodernos. Pero si leemos la historia de Gandhi lo confirmaremos: el hombre de acción que pretendió obrar la verdad pura (cf La vida del Mahatma Gandhi, Louis Fischer). Él paradigma de la humanidad

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