Decir que todos creemos en un mismo Dios -las religiones- es una cuestión inserta en la tolerancia religiosa de la sociedad civil.
En su carta asienta Pablo añadiendo la diferencia que Dios es quien justifica por la gracia y no por la moral, porque todos somos pecadores: DONDE ESTÁ EL MOTIVO PARA GLORIARTE? UNO ES EL DIOS QUE JUSTIFICA POR MEDIO DE LA FE.
Así Abraham: CREYÓ ABRAHAM A DIOS LO CUAL LE FUE IMPUTADO A JUSTICIA.
El decir sí a Dios como aquel padre está antes que la moral y las obras. El dejarse conducir en la oscuridad de las cosas y los hechos por Dios es el mérito. Así vive el hombre sobre la tierra lleno de mérito. Así vive poéticamente porque ve en al fe y piensa en lo que ha de ser pensado. No calcula sino que medita en Dios.
Antes de la ley Abraham personaje poético vio el día de Jesús y recibió aquella promesa dos mil años antes de su cumplimiento, es decir que no veía nada pero sí sentía todo ya en su hijo Isaac y contemplaba en las estrellas quienes habían de ser benditos; nosotros.
Y la serenidad envolvió su contemplación la cual nos ha legado.
Silencio altísimo es lo que requerimos hoy y no palabrerío.
María cantó su día.
En su carta asienta Pablo añadiendo la diferencia que Dios es quien justifica por la gracia y no por la moral, porque todos somos pecadores: DONDE ESTÁ EL MOTIVO PARA GLORIARTE? UNO ES EL DIOS QUE JUSTIFICA POR MEDIO DE LA FE.
Así Abraham: CREYÓ ABRAHAM A DIOS LO CUAL LE FUE IMPUTADO A JUSTICIA.
El decir sí a Dios como aquel padre está antes que la moral y las obras. El dejarse conducir en la oscuridad de las cosas y los hechos por Dios es el mérito. Así vive el hombre sobre la tierra lleno de mérito. Así vive poéticamente porque ve en al fe y piensa en lo que ha de ser pensado. No calcula sino que medita en Dios.
Antes de la ley Abraham personaje poético vio el día de Jesús y recibió aquella promesa dos mil años antes de su cumplimiento, es decir que no veía nada pero sí sentía todo ya en su hijo Isaac y contemplaba en las estrellas quienes habían de ser benditos; nosotros.
Y la serenidad envolvió su contemplación la cual nos ha legado.
Silencio altísimo es lo que requerimos hoy y no palabrerío.
María cantó su día.
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