Comprendo la equivocidad de la palabra Filosofía. Concentrémonos en un diálogo de Platón, el Fedro por ejemplo o el Sofista y recuperamos enseguida el alma de la divina Filosofía. El logos platónico nos acogerá como oyentes de esta maravilla que se sale de toda inmediatez y nos pone en la paz, en la tranquilidad del orden de lo par y lo dispar, en aquello que Heidegger llamó Gelassenheit pero que ya para nosotros es lo que ha consumado en las tres épocas la historia.
Hay que decir que la inmediatez política, moral, física, artística no ha constituido nunca la Filosofía. Nos lo testimonian aquellos maravillosos diálogos en medio de los avatares de Atenas y de los hechos de los hombres que indican la particularidad efímera de necesidades del momento.
¿Qué se fizo del rey don Juan, los infantes de Aragón que se fizieron? ¿Qué fue de tanto galan y de tanta invención como trujeron? El ritmo de las palabras en los diálogos no sólo no desaparecen sino que tocando fecundan y desarrollándose engendran vidas filosóficas aunque sea a sus solas.
Es una especie de milagro de aquello que Dios nos promete y nosotros ubicamos exclusivamente en lo que llamamos la "otra vida" ¡Es que comienza ahora la eternidad cuando se abre el claro del ser!
Ahora bien sin PEITHÓO LA VERDAD NO SE APROVECHA Y PASA DE LARGO Y TOMAMOS LA MARAVILLA POR PROSA PERIODÍSTICA.
La persuasión delicada acompaña a la verdad, sentenció Parménides, matador de la inmediatez, vencedor de la apariencia. Así también Platón nos deja encantados y Aristóteles nos acostumbra a la verdad con las ciencias filosóficas. Si esto les ha pesado a algunos a nosotros nos quita el peso de las apariencias periodísticas.
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