domingo, 24 de febrero de 2013

Es tan evidente que el mundo social o la sociedad mundana es el resultado del pecado de desobediencia al mandamiento aquel del "no comerás" que tiene como resultado con todo el conocimiento del bien y del mal que nadie debería sentirse defraudado por Dios. Conocimos el mal junto al bien. Quien calumnió al legislador de tal mandamiento, quien engañó acerca de las consecuencias ahora pretende borrar la diferencia. El mal que azota a la humanidad en hechos terriblemente malos como los genocidios y grandes y crueles matanzas aquí y allá lo prueba de tal manera que su repetición después en la creencia en el "nunca más" sorprende a quienes lo vemos en cómo no se felicita al escritor que plasmó aquel cuento de Génesis capítulo 2. Quizás es más grave y más verdadero aún: los que lo verían odian a aquello que todos llaman Dios y más al CREDO por excelencia que incluye Padre, Hijo redentor y Espíritu Santo santificador y el sacramento de la Iglesia. Por eso nada más presente que este pecado original.
Sabemos cómo la modernidad o tiempo nuevo rechaza tal cosa con la hipotesis del hombre bueno por naturaleza. Y esto se explica para la libertad absoluta del ciudadano. Sí somos libres y estábamos entre cadenas pero no del pecado que se expande en número y calidad.
Solo un dios puede todavía salvarnos, dijo Heidegger antes de morir. Y he aquí que existe evidentemente un salvador. Sabemos quien es y como murió y que su resurrección es puerta para la nuestra ¿Habrá alguien que niegue la ventaja de tal cosa aunque no la crea porque no la ve. Nadie la ve y algunos la creemos porque nos parece una solución frente a ninguna. Es sospechoso que muchos digan no a esto. Sabemos que alguien acosa y hay apóstoles del acosamiento como los hay de la cierta esperanza que abrió quien nos declara su amor. Ante el amor: uno dice "sí" y otros dudan.
Claro está: amor no es igual a eros ni a PHILÍA. Nosotros la tenemos con la SOPHÍA y somos filo-sofos.

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