viernes, 1 de mayo de 2015

JESÚS NO SE QUEJÓ Y FUE TEMPLADO

Tenemos dos bienes preciados: la piedrecita blanca donde está nuestro nombre, es decir la persona y el lucero del alba donde está nuestro medida en la belleza.
Ahora en Sardis nos hallamos con mucho pecado y unos pocos que no mancillaron sus vestiduras y ANDARÁN CONMIGO VESTIDOS DE ROPAS BLANCAS PUES QUE SON DIGNOS. QUIEN VENCIERE ESTE SE VESTIRÁ DE VESTIDURAS BLANCAS Y NO BORRARÉ SU NOMBRE DEL LIBRO DE LA VIDA Y ACREDITARÉ SU NOMBRE EN PRESENCIA DE MI PADRE Y EN PRESENCIA DE MI PADRE.
Bueno es este galardón: estar escrito en ese libro de la vida, figurar allí. Para ello hay que vencer ¿qué? digámoslo aunque choque hoy: nuestro cuerpo haciéndolo objeto de placer desviado del fin y sin la belleza, el decoro, la honestidad de la templanza.
Quien quisiere saber de ella lea la Suma Teológica en la segunda parte de la segunda parte. Un mentís a todo lo que se ha dicho en los últimos quinientos años desde que los reformados se hicieron estoicos y luego vinieron los axiológicos con la exitosa teoría de los valores que no podía por su inocuidad sino desembocar en la historia de la sexualidad con sus nuevos dogmas post freudianos.
La temperancia es muy simple y está incluida en el sistema de la  moral donde ella precedida de los filósofos odiados por Lutero y por Nietzche, Platón y Aristóteles y aún por Confucio que la explican como racional se vuelve la huella de la ley natural ayudada por la gracia. La temperancia embellece frente a la amenaza de la torpeza y da forma espiritual a los sentidos del gusto y del tacto. Nosotros somos templos del Espíritu Santo y poemas de Cristo y no meramente hombres del mundo. En todo caso lo somos de la tierra, humus, homo, humilis y aprendemos de Cristo a ser humildes y mansos de corazón. Nos enseña pues a ser hombres con los sentidos recoletos, guardados en la suavidad.
No estamos para piscologías, antropologías y linguísticas. Simple templanza de Jesucristo. Fuimos bien comprados en la cruz. Él no dijo:¡ay!

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